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Ernest Rutherford (1871-1937) físico y químico neozelandés
A consecuencia de sus descubrimientos de la estructura atómica, se le considera el padre de la física nuclear. Rutherford creía que un átomo es como un pequeño sistema planetario, circundado por electrones (como los planetas) y estudió la radioactividad.
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Nacido en Nueva Zelanda, en 1871, fue hijo de un granjero y mecánico y de una madre maestra que siempre quisieron que sus hijos estuvieran formados. De estudiante alcanzó las máximas notas en latín, francés y física.
Fue un destacado miembro de la Sociedad Dialéctica, que era un club estudiantil de debates, y del equipo de rugby. Gracias a sus buenas notas consiguió una beca (la única que daban cada año en su universidad) para hacer un máster que duraba un año en el que tenía que hacer un trabajo de investigación.
Más tarde entró a trabajar con el profesor J.J. Thomson, quien le puso a trabajar en la detección de corrientes eléctricas de alta frecuencia utilizando un aparatito que había inventado durante el máster.
Consiguió detectar ondas electromagnéticas emitidas a una distancia de 400 metros. Thomson le convenció de que se dedicara a cosas más profundas en la física. Guglielmo Marconi debería estar muy agradecido a este último; pues de no ser así se le hubiera adelantado a buen seguro. |
Con 27 años encontró trabajo estable en un laboratorio magníficamente equipado. Descubrió que la radiactividad no era otra cosa que la descomposición de ciertos núcleos pesados. Pronto encontró la ley que regía dicho comportamiento.
Propuso que era un cambio interno en los átomos radiactivos y ese cambio liberaba energía.
Tenéis que pensar que era una idea revolucionaria: los químicos tenían asumida la indestructibilidad de la materia y esta idea la dejaba sin validez. Hasta Pierre Curie tardó dos años en aceptarla.
Pero el descubrimiento crucial fue que la desintegración de sustancias radiactivas seguía un ritmo muy preciso y constante y no parecía depender de condiciones externas de temperatura, presión, etc. Tanto era así, que podían utilizarse como relojes. Dijo que este fenómeno se podía utilizar para datar muestras geológicas y así descubrir la edad de la Tierra o, al menos, establecer un límite inferior.
También dijo que si el interior de la Tierra todavía tiene la temperatura actual, es debido a las reacciones de desintegración que se dan en su seno.
Un día estaba estudiando cómo la radiación ionizaba los gases, esto es, arrancaba los electrones de los átomos quedando estos últimos cargados.
Se le ocurrió echar una calada de humo de su cigarrillo en un tubo de medida y vio que se alteraba el resultado de la medición. Acababa de inventar el detector de humos que todavía hoy utilizamos.
En 1908 gana el Premio Nobel de Química por descubrir que a causa de la radiactividad algunos elementos se transforman en otros. Los elementos son alterables.
Sufrirá sin embargo un pequeño disgusto, pues él se considera fundamentalmente un físico. Una de sus citas más famosas es que "la ciencia, o es Física, o es filatelia", con lo que sin duda situaba la física por encima de todas las demás ciencias.
El 19 de octubre de 1937, fallece y sus restos mortales fueron inhumados en la abadía de Westminster.
Curiosidades y anécdotas.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial no asistió a una conferencia. Al ser reprendido respondió:
¡Calma, por favor! Ahora mismo estoy haciendo curiosos experimentos que parecen apuntar la posibilidad de destruir el átomo por voluntad humana. Si ello fuera cierto, ¿no creéis que el descubrimiento sería mucho más importante que toda vuestra guerra? |
Un problema, muchas soluciones. Una anécdota real.
Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nóbel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:
Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado a un problema de física, pese a que el muchacho afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir el arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía: ¿Cómo mediría la altura de un edificio con un barómetro? El estudiante había respondido:
Llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ato una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco y mido. La longitud de la cuerda es igual a la altura del edificio.
El estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio porque había respondido a la pregunta correctamente. Pero, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudio, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera a la misma pregunta, pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba, escribió la siguiente respuesta:
Tomo el barómetro y lo dejo caer a la calle desde la azotea del edificio. Mido el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplico la formula de la caída libre y así obtengo la altura del edificio.
En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta y lo despidió.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.
-Bueno -respondió, -hay muchas respuestas. Por ejemplo, tomas el barómetro en un día soleado y mides su altura y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos fácilmente la altura del edificio.
- Perfecto - le dije, - ¿y hay otra solución?
- Si, - contestó - éste es un procedimiento muy elemental para medir un edificio, pero también sirve. En este método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro en la pared y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura.
Es un método muy directo, por supuesto. Si lo que se quiere es un procedimiento más sofisticado, se puede atar el barómetro a una cuerda para descolgarlo desde la azotea hasta la calle y se mueve como si fuera un péndulo. Así se puede calcular la altura midiendo su período de oscilación.
En fin, concluyó, existen otras muchas maneras pero, probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa de la portera. Cuando abra, decirle: "Señora portera, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo".
En ese momento de la conversación, pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema: la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos.
- Ciertamente la conozco, pero durante mis estudios, los profesores han intentado enseñarme a pensar.
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nóbel de física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones orbitando a su alrededor. Fue un innovador de la teoría cuántica.
Pero, al márgen del personaje, lo esencial de esta anécdota es que LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.
Aprendamos a pensar: un problema generalmente tiene una sóla respuesta pero hay mil formas de llegar a ella, lo auténticamente genial es elegir la solución más práctica y rápida de forma que podamos acabar con el problema de raíz... y dedicarnos a otras cosas.
Opiniones de nuestros lectores.
Si los docentes de hoy se dedicaran a eso: enseñar a pensar a sus educandos y a que éstos lo hagan por sí mismos, nuestra sociedad sería muy diferente.
Debe ser el principal objetivo, enseñar a los alumnos a pensar, a dudar, a desarrollar un pensamiento crítico y a resolver problemas.
En última instancia toda la vida no es sino una sucesión de problema a resolver. Y para ello es imprescindible haber aprendido a pensar.
Un riesgo que existe hoy entre los chicos es que sean personas instruidas pero no hombres cultos. Saber de memoria los versos de un poeta significa ser instruido, entenderlos y meditarlos es ser culto.
“En la escuela, a menudo... lo único que se aprende es a ser alumno ...” la tarea de las instituciones de educación, pero principalmente de los Padres de Familia, es que sus hijos aprendan a pensar.
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Fuentes: Wikipedia
Tag: Historias y anécdotas sobre técnicos, científicos y curiosidades Tema: Biografías |
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