Haití ha sido víctima no solamente de una tragedia y de un drama humano, sino también de la giganteca amplificación de la tragedia que sufre, por la enormidad del drama humano que le ha servido de escenario. Mira el vídeo que recoge la vida de los haitianos tras la catástrofe.
La tragedia ha sido un terremoto de índice 7 en la escala de Richter.
El drama humano es la muerte de al menos 111.499 personas, según el balance ofrecido el viernes pasado por la Dirección General de la Protección Civil de Haití.
El Gobierno de Haití teme hoy que la cifra de muertos por el terremoto supere los 150.000.
Las personas que han sido rescatadas con vida de entre los escombros son en total solamente 133.
Además, según datos del ministerio de Interior haitiano, citados por los medios locales, más de 193.000 personas han resultado heridas por el seísmo, unas 11.000 viviendas quedaron destruidas y otras 32.321 se han visto afectadas.
La vida en Haití sigue tras el terrible terremoto.
La giganteca amplificación de la tragedia es debida a la enormidad del drama humano que le ha servido de escenario. Aunque el terremoto no es imputable a la responsabilidad humana, sí lo son:
1) La falta total de previsión sismológica local, capaz de avisar con tiempo a la población de la llegada de los terremotos y de organizar estructuralmente su protección, sin pretender improvisarla.
2) La falta generalizada de respeto de las normas internacionales de construcción antisísmica, tanto en los edificios públicos como en los privados; de manera que cabe decir que el urbanismo de Haití, por contraste con el de otros países con alto riesgo sísmico, como, por ejemplo, Japón, se caracteriza por una flagrante temeridad urbanística, que debe ser calificada y condenada como delito.
3) La falta de estructuras de protección civil y sanitaria, para remediar inmediatamente, cuando se presenten, los efectos de agresiones naturales o artificiales imprevisibles.
Aunque todas estas faltas son imputables principalmente a los poderes públicos haitianos, por su incuria habitual manifiesta, también hay que reconocer la responsabilidad histórica tanto de las Naciones Unidas como de los Estados Unidos, que en sus diferentes intervenciones multilaterales y unilaterales, presentadas estas últimas como ayudas circunstanciales al pueblo haitiano, han olvidado la amenaza de los riesgos sísmicos propios al Caribe. Prueba de ello es la ruina total de la sede de las Naciones Unidas en Puerto Príncipe, ruina que contrasta con la resistencia al terremoto de las residencias de lujo de la clase acomodada de la misma ciudad.
Este vídeo recoge la vida de los haitianos tras la catástrofe. Grabado con la maravillosa Canon EOS 5D Mark II y un Glidetrack. Lentes: Canon 24mm f2.8, Canon 50mm f1.8 y Canon 70-200 f2.8 (1.839 €)
Contrariamente a lo que ha escrito recientemente el general español Luis Alejandre, ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, los estragos de la naturaleza no solamente se pueden prever, echando mano de la ciencia y de la técnica, sino que se deben prever, en toda la medida de lo posible; mientras que sus efectos, como este mismo general lo reconoce, pueden y deben paliarse. Claro que esto último resulta imposible cuando no se cuenta con los medios de proteción civil y sanitaria para hacerlo a tiempo. El no llegar a tiempo, como ha sucedido en Haití, tiene como resultado la monstruosidad del número de víctimas humanas que hemos contemplado estos días, tanto mortales como heridas, con el agravante de que muchas de éstas quedarán con invalidez de por vida.
Tras constatar la enormidad del drama humano al que hemos asistido, nos toca ahora a todos los humanos, como sociedad global civilizada y por ende solidaria, el reparar los daños producidos al pueblo haitiano, por causas ajenas a su reponsabilidad como tal pueblo. La responsabilidad de la reparación recae entonces en las Naciones Unidas, que deben defender, ante sus tribunales internacionales, los derechos locales de los haitianos, depurando tanto sus propias responsabilidades en el drama, por acción o por omisión en su mandato multilateral, como las responsabilidades de los regímenes corruptos locales y de los organismos civiles y militares extranjeros que, apoyando a esos regímenes corruptos, han propiciado el drama humano al cual acabamos de asistir.
Hay que reconocer que la sociedad global se ha volcado, prestando a los haitianos apoyos puntuales e inmediatos, que son esenciales para limitar las trágicas consecuencias del drama vivido por este pueblo mal gobernado. Esperemos que la sociedad global siga haciéndolo por medio de las Naciones Unidas, sin olvidar que el derecho local de los Hatianos a obtener reparación estará vigente hasta que se les haga justicia completa por el mal infligido.
Quizás haya que deplorar el que haya habido en esta etapa de apoyos puntuales e inmediatos una tendencia excesiva al protagonismo de los diferentes gobiernos nacionales y regionales participantes en ella, con una carencia evidente de sintonía en la logística multilateral, sintonía que debieran haber asumido las Naciones Unidas; lo que ha dado lugar a que hayan sido los Estados Unidos los que hayan tenido que actuar una vez más hegemónicamente, para sacar adelante la operación de socorro urgente.
De todas formas las acciones puntuales no tienen vocación de durar, ya que por su naturaleza deben reservarse para las necesidades de urgencia extrema, que al nivel planetario aparecen con inusitada frecuencia.
Las que sí tienen vocación de durar son las acciones de paz y de reconstrucción propias de las Naciones Unidas, que en un caso como el de Haití han de durar, según los expertos, veinte años de trabajo intenso, es decir, tantos años como sus cascos azules llevan ya en la isla.
Terminemos invocando la experiencia organizativa, protocolaria y logística del general Luis Alejandre, ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, cuya manera de ver la vertebración de los diferentes estados que cooperarán en favor de la reconstrucción de Haití, en el seno multilateral de las Naciones Unidas, me parece realista y justa:
"Brasil y Europa –dentro de ella Francia– tienen mucho que aportar, pero –insisto– dentro del sistema de Naciones Unidas. Brasil lleva años liderando las misiones en América Latina. Estaba volcado en Haití. Europa debe aportar los medios económicos que promete y evitar recelos y protagonismos. ¿Por qué Francia? Por cultura, por lengua, por religión, por antigua metrópoli. Francia –si es capaz de dejar ciertos brotes de soberbia a un lado– debe impulsar un aspecto clave: la educación. Hay que rehacer carreteras y barrios. Hay que dotar de electricidad y agua potable a todos los rincones del pais. Pero sobre todo hay que formar, hay que educar, hay que erradicar vudús ancestrales. En resumen, hay que invertir en las nuevas generaciones, hay que inyectarles nuevos valores. Hay que «enseñarles a pescar».
El pasado es el que es. El presente es catastrófico. El futuro es de todos. Es momento de unión, no de recelos ni protagonismos. Es el gran reto de la Organización de las Naciones Unidas, es el gran reto de todos nosotros que la constituimos."
Fuentes: General Luis Alejandre, Haití: ayer, hoy y mañana. La Razón, 21 Enero 10.